El último acorde vibró en el aire, extinguiéndose lentamente, dejando tras de sí un silencio denso, palpitante. Svetlana permaneció inmóvil en el centro del salón, con el pecho subiendo y bajando levemente, aún inmersa en la melodía que acababa de interpretar.
Dante se puso de pie, salió del cuarto secreto y entró en el salón. Cerró la puerta con seguro, un sonido seco que rebotó en las paredes y selló la atmósfera con una sensación de inminencia. Dio largas zancadas hacia ella, y su sola presen