La tarde había transcurrido como una batalla silenciosa, y desde que Svetlana huyó de él, Dante intentó distraerse sumergiéndose en sus asuntos, enfocándose en la construcción del teatro, en revisar cada detalle, en asegurarse de que todo estuviera en orden.
Pero su mente no se quedaba quieta.
No importaba cuánto intentara concentrarse, ella estaba en todas partes.
En el roce del viento frío sobre su piel, recordándole la suavidad de su cuerpo.
En el sonido de las herramientas resonando en el l