Svetlana despertó con una sensación extrañamente reconfortante. Por primera vez en días, su cuerpo se sentía descansado. Había dormido profundamente, sin pesadillas, sin sobresaltos. Solo calor. Solo la firmeza de un pecho masculino bajo su mejilla, el latido constante que la había arrullado hasta el sueño.
Dante.
Su respiración pausada le indicó que él aún dormía. Se veía distinto así, relajado, sin la dureza de sus facciones, sin la sombra del peligro latente en su mirada.
Parecía otro hombre