La luz de la tienda parecía haberse vuelto más densa, como si el aire mismo hubiera decidido contener la respiración. Los maniquíes con ropa de recién nacido colgaban en silencio, indiferentes, mientras la música de fondo seguía con su ritmo anodino, ajena a lo que hervía en el probador. Svetlana, aún con el vestido camisero medio puesto, miró fijamente a Fiorella.
Fiorella la observó como si viera a la personificación de todo lo que le había arrancado la vida. Sus ojos eran dos carbones encend