La luz del amanecer comenzaba a filtrarse por las cortinas pesadas de la habitación. Afuera, el mundo parecía no saber nada del caos que se gestaba en la sombra. En la cocina de la casa segura, Mirella preparaba café; Olivia y Enzo paseaban con calma por el jardín húmedo del rocío; Tatiana ayudaba a la pequeña Anya a peinar su cabello, sin saber que en cualquier momento, todo podía cambiar.
Dentro, en ese pequeño universo sellado por el dolor, el silencio y el amor, Svetlana dormitaba en una bu