Las puertas de la sala de urgencias se abrieron de golpe, empujadas por los paramédicos y los escoltas. Giovanni entró desangrándose en una camilla que parecía demasiado frágil para sostenerlo. Uno de los enfermeros tropezó con la bolsa de suero, el otro gritaba órdenes. El equipo médico apenas reaccionó al verlo: un muchacho joven, inconsciente, con una herida de bala en el abdomen que no dejaba de sangrar.
Svetlana bajó del vehículo segundos después, seguida por sus escoltas. El coche había si