Afuera, un coche gris se estacionó a media cuadra. Un hombre bajó con paso tranquilo. Chaqueta oscura, camisa blanca, vaqueros sobrios. La pistola bien guardada en su costado. La mirada en alerta.
Luca Versano.
Abrió la billetera y sacó una fotografía. Una copia borrosa de la imagen que había acompañado el expediente rojo de “persona desaparecida” meses atrás.
La comparó con los rostros en el interior del restaurante.
Y entonces la vio.
Sentada. Sola. Inmóvil.
Pero irradiando una presencia casi