El reloj marcaba las 17:46 y la sala se encontraba sumida en esa especie de calma imperfecta que sólo ocurre cuando todos están presentes, pero nadie está realmente en paz.
No era raro que a esa hora se encendiera la televisión con las noticias del día. Algunos miembros de la casa usaban ese momento para relajarse, para enterarse de lo que ocurría fuera de esos muros que lo contenían todo. Cada quien hacía lo suyo, pero sin perder del todo la atención de la pantalla.
Mirella estaba sentada en s