El teléfono vibró una sola vez. Luego, otra. Eran las 4:23 de madrugada. Dante no necesitó mirar la pantalla. Ese patrón, esa hora, esa línea... solo podían significar una cosa: Calabria.
—Habla —ordenó, al contestar.
—Interrumpieron el envío. En el punto de Montebello. Los hombres están vivos, pero se llevaron la mercancía. Veinte cajas. Armas. Algunas con número de serie limpio.
—¿Quién?
—La policía. Pero alguien les dijo la hora exacta. Sabían la ruta. Sabían que íbamos ligeros de escolta.
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