Svetlana avanzaba a toda prisa por el corredor, su respiración agitada y su pecho ardiendo con la furia contenida. La conversación con Mirella la había dejado con una sensación de injusticia difícil de sacudirse. ¿Cómo podía ser una mujer tan cruel? Tan indiferente ante su sufrimiento. Cada palabra había sido un látigo contra su dignidad, como si su propia voluntad no tuviera ningún valor en ese mundo al que había sido arrastrada contra su voluntad.
El eco de sus pasos resonaba en el mármol frío