Una semana antes...
La luz artificial de la comisaría caía en haces pálidos sobre los escritorios de metal, manchados por el tiempo, el sudor y el tedio burocrático. El reloj en la pared marcaba las 8:43 a.m., pero para Luca Versano, el día había comenzado muchas horas antes.
Con el abrigo oscuro aún sobre los hombros, atravesó la sala principal con paso decidido, sorteando el ruido de teclados y teléfonos. Llevaba el sobre marrón bajo el brazo, el mismo que había reposado sobre su escritorio d