Dante estaba de pie en su despacho, pero su mente vagaba lejos de allí. Los informes se amontonaban sin leer. Las reuniones, intrascendentes. Las decisiones, postergadas. No lograba enfocar, ni siquiera fingir liderazgo. Su cuerpo estaba presente, pero el alma… esa la había dejado al borde de la cama de Svetlana.
Sus dedos tamborileaban sobre la mesa, sin patrón ni ritmo, apenas un eco del torbellino que lo sacudía por dentro. Fiorella. La imagen de su vientre levemente abultado y la palabra qu