Capítulo 88: Sin Dejar Rastro.
Lía, por su parte, también lo vio. Jorge Cancino se destacaba como siempre: impecable, elegante, con ese aire de hombre seguro que sabía cómo imponerse sin decir una palabra. Su traje oscuro, su porte distinguido, su mirada profunda… nada había cambiado en él, salvo quizás aquella melancolía que ahora asomaba en sus ojos cuando la miraba.
Por un instante, el tiempo pareció detenerse. Sus miradas se cruzaron. No hubo palabras, solo ese silencio cargado de historias no dichas, de lo que pudo ser