Lía se llevó una mano al pecho, incapaz de pronunciar palabra. Todo a su alrededor pareció desvanecerse, y por un instante solo existieron ellos dos… y la verdad que acababa de cambiarlo todo.
Lía lo miraba sin poder articular palabra.
Sentía que el aire se le escapaba del pecho, como si una mano invisible la apretara por dentro.
—¿Su… nieta? —susurró al fin, con la voz temblorosa—. ¿Qué está diciendo, señor Nicolás? Eso no puede ser…
Nicolás asintió con firmeza.
—Es la verdad, Lía. Mandé hac