Intentó restarle importancia, pero por dentro sabía que nada volvería a estar en calma. Aquella llamada acababa de abrir una grieta peligrosa, una que podía destruir todo lo que había construido con tanto esfuerzo.
—¿Cómo que nada? —le dijo Ceida a su hija, con la voz temblorosa—. Escuché la conversación, Lía. Hablabas de que nos quieren quitar a Lucía… ¿por qué te van a quitar a tu hija, mi nieta? Dime la verdad, por favor.
Las lágrimas comenzaron a rodar por las mejillas de Ceida, y al verlas