El humo se elevó en espirales lentas, llenando la habitación de un olor agrio a papel y perfume.
Mary se arrodilló frente a las llamas y murmuró con la voz envenenada por el odio:
—Si Nicolás cree que puede quitarme lo que me pertenece… se equivoca.
Le robé su firma una vez… y volveré a hacerlo.
Pero esta vez no solo le arrebataré su empresa, también su paz… y a quien se atreva a
defenderlo.
Una lágrima solitaria corrió por su mejilla, pero no era de tristeza: era de furia contenida.
Se levantó