Cayó hacia atrás sobre su espalda entre sus piernas en el colchón, sumamente agotada, haciendo esfuerzos por respirar.
Lo sintió cernirse sobre ella y lo siguiente que sintió la devolvió a la realidad, porque él la besó, y esta reina odiaba que su rey la besara, porque sus besos eran fríos, sus besos eran amargos, sus besos, al igual que lo que acababa de pasar, no significaban nada.
Las lágrimas se derramaron incontrolables y sollozó.
No sería necesario esperar hasta mañana, se odiaba ahora