Kairi entró a la oficina de su consejero, donde había dejado a Tadeus Theodore para que descansara mientras iba a cambiarse y a dejar a sus hijos con alguien más capaz que un niño de quince años así ya poder conversar con más tranquilidad.
Su mente aún estaba hecha un revoltijo por la breve explicación que el hombre había hecho para informarla sobre sus motivos para estar en el palacio de su reino a esta hora y con este clima, y con Orion, el caballo de su esposo. No podía dejar de preguntarse…