La isla de La Digue amaneció suspendida en un silencio mágico, como si la naturaleza misma hubiese decidido rendirse ante este evento. Sobre la arena blanca, había un arco tallado en madera flotante, esperaba el momento de sellar una historia que había sobrevivido a todo.
Daniela se miró al espejo mientras Melissa le ajustaba el velo con manos temblorosas. Su vestido, de corte sencillo, pegado a su figura, abierto abajo como una sirena y espalda descubierta, era como agua sobre su cuerpo. Sus o