Melissa no supo si podría escuchar algo mejor o peor, pero su historia definitivamente le había hecho algo.
Nunca se había imaginado algo igual, sin embargo, había una cosa que titilaba en su mente.
¿Aún amaba a esa mujer?
El sacrificio que había hecho por ella era evidente y dejó de mirarlo por un momento, más que todo por él.
—¿Qué es lo peor? —preguntó como un susurro y luego Bruno se arrimó para mirarla.
—No me odies…
Ella negó.
—No tengo por qué hacerlo. ¿Qué es lo peor?
—Desistí de todo.