—Estás loco… —ella se soltó de su agarré y comenzó a caminar rápidamente. Sin embargo, sintió los pasos de Víctor detrás de ella.
Podía imaginar como la miraba mientras por sus piernas, resbalaba la evidencia de que había caído en sus manos de nuevo, y eso hizo que sus mejillas se calentaran y volviera a tener la respiración agitada.
Su cuerpo aún ardía, y aunque intentaba calmarse, la huella de cada palabra, cada toque, estaba grabada en su piel.
Cuando ella salió al jardín, sintió la mirada d