Daniela colgó la llamada con Melissa y dejó el teléfono a un lado. Desde hace varias llamadas la sentía extraña, pero no iba a cansarla con este tema.
La ciudad se deslizaba a través de la ventanilla del coche mientras se dirigía a su reunión con Víctor. Los días habían pasado y se habían convertido en semanas. Semanas silenciosas y llenas de mucho suspenso sobre las investigaciones de su madre.
La rutina ya se había establecido: los mellizos recibían educación privada en la mansión, y en los