Daniela despertó nuevamente antes que el amanecer. El cuerpo de Víctor seguía junto al suyo, tibio, fuerte, su respiración acompasada en la penumbra de la habitación y ella sonrió delineando su espalda.
Se deslizó con cautela fuera de la cama, evitando despertarlo. Caminó hacia el baño, cerró la puerta y apoyó las manos en el lavabo. Observándose en el espejo, ella había cambiado significativamente.
Se puso una ropa cómoda y bajó a la cocina. La mujer que siempre les cocinaba estaba allí, pero