Daniela entró con una sonrisa a la sala de reuniones, pero se le borró inmediatamente cuando vio a uno de los altos gerentes y dueños de la empresa con el ceño fruncido, viendo algunos informes.
Notó que Javier alzó la mano para mostrarle un asiento cerca de él, y se apresuró a tomar asiento.
—Esto parece un velorio.
Y Javier sonrió.
—Parece que sus acciones bajaron. Tienen mucha expectativa en la exposición. No es fácil apostar miles de dólares. No son míos y me duele.
Daniel miró al frente don