El sol de Lisboa bañaba las calles, mientras Daniela caminaba por la acera con paso apresurado.
—Siempre vamos corriendo —se quejó Mateo mientras ella frunció el ceño.
—Y eso, es porque quieren dormirse tarde, cuando yo les digo que a las ocho y media ya deben ir a sus camas. Esto les dará más tiempo de levantarse temprano y ayudará a que estén listos a tiempo.
—Pero no tenemos sueño a las ocho y media —Daniela torció los ojos y soltó el aliento cuando Adriano le llevó la contraria y les tomó d