El cielo de Lisboa los recibió con un azul radiante y un aire cálido que se sentía como una bienvenida. Cuando el avión tocó tierra, Melissa cerró los ojos por un segundo. No solo por el cansancio, sino por la sensación de estar entrando a una etapa distinta de su vida y lo que le esperaba.
Bruno tomó su mano y la besó y ella forzó una sonrisa. No quería estar triste para él.
—Llegamos —asintió en silencio y luego se bajaron para subir a un auto que los esperaba.
Le encantaba Lisboa, y también