—Se terminó esto —advirtió Víctor con voz cortante.
La mujer, todavía pálida, apretó los labios y se dio la vuelta, alejándose con paso firme, pero apresurado, y sus hijas, excepto Amelia, la siguió.
—Víctor, ¿podemos hablar?
—No ahora —ella asintió y le dio una mirada larga a Daniela cuando Marcela habló.
—Víctor, siento esto… yo… —Él no la dejó hablar, salió de la casa dándoles la espalda, mientras Daniela, todavía estaba temblando.
Verle la espalda y después desaparecer, le hizo sentir que s