Los pasos de Ronan se sentían increíblemente pesados mientras recorría el frío pasillo del hospital, impregnado del penetrante olor a desinfectante.
El agotamiento físico, después de haber permanecido durante horas bajo el sol abrasador, sumado al orgullo destrozado tras haberse arrodillado ante Devan, hacía que todo su cuerpo se sintiera sin fuerzas.
Su mundo se había derrumbado, y ahora debía regresar para llevarles aquella terrible noticia a sus padres.
Ronan se detuvo frente a la puerta de