Felicya dio un paso hacia atrás, sobresaltada. La mano que momentos antes intentaba sujetar el brazo de Ronan quedó suspendida en el aire, completamente rígida.
La falsa y dulce sonrisa que adornaba su rostro desapareció poco a poco, reemplazada por una expresión endurecida y enrojecida por la humillación y la rabia contenida tras el brusco rechazo de aquel hombre.
—¿Me estás echando, Ronan? ¿Después de todo lo que hemos vivido, me echas así de fácil? —espetó Felicya entre dientes, clavando en