La respiración de Alexa era agitada, resonando una y otra vez en el escaso espacio que ahora los separaba.
Sus dos manos seguían aferradas con fuerza al cuello de la camisa de Devan, manteniéndolo apoyado contra la pared de la habitación.
Por primera vez, dejó a un lado todo el miedo y las dudas que siempre la habían acompañado. No podía permitir que aquel malentendido destruyera lo que apenas comenzaban a construir juntos.
—¡Escúchame, Devan Alistair! —dijo con una firmeza y una agresividad qu