Después de la intimidad que habían compartido.
Alexa permanecía inmóvil entre los brazos de Devan, con el rostro apoyado sobre el firme pecho de su esposo, que subía y bajaba al ritmo de su respiración pausada.
El fuerte brazo de Devan rodeaba posesivamente su cintura, como si no quisiera dejar el más mínimo espacio entre ellos. Sus largos dedos acariciaban con suavidad el hombro desnudo de Alexa bajo las sábanas, en un gesto tranquilizador.
El silencio de aquella mañana era sereno y reconforta