—Jajajajajajaja —la risa de Adam retumbó en la solitaria calle.
Habían corrido como locos, Clyde se había puesto sus zapatos y también se había cambiado el el suéter, eso por si acaso los policías habían podido detallarlo en el estacionamiento.
—¿Te parece divertido, Adam? —le preguntó Clyde tratando de poner la voz seria, pero en realidad su cara expresaba la misma mirada divertida de su amigo.
—¡Por supuesto! —aseveró— No me había divertido ni asustado tanto desde que me encontraron espiando