A Ben Lefevre le dolió más el orgullo que el golpe que le propinó su jefe, se puso de color rojo tan intenso que algunos pensaron que le daría un ataque o algo parecido. Se mordió la lengua para no decir nada, sabía que el jefe no andaba de humor para aguantar una insensatez como esa, así que se tragó el orgullo y murmuró una disculpa.
—¿Como dijiste? —dijo Ryker acercándose a Ben mientras se ponía una mano en el oído a modo de bocina.
—Que lo siento mucho, jefe —repitió— No volverá a ocurrir.