—Ven aquí, cariño. Te llevaré al vestuario para que te cambies. Estás empapada, es incómodo, ¿verdad?
Mientras hablaba, Rafael levantó a Luna del suelo.
—Es solo un contrato; si me haces feliz, firmaré más tarde.
Luna se detuvo bruscamente. ¿Quería llevarla para cambiarse? Aparentemente, el vestuario en un lugar como este era para que los hombres se divirtieran cuando les apeteciera… Miró fríamente a Leandro. ¿Qué haría él? ¿Solo iba a quedarse ahí viendo cómo ese mujeriego la llevaba?
Para su