Juan sonrió maliciosamente:
—¿Qué pasa? Aún no me tocas y ¿ya no puedes soportarlo? Ahorra un poco de energía, ¿de acuerdo? Cuando hagamos el amor, podrás gritar como quieras. No te preocupes, ¡aquí no vendrá nadie aunque grites hasta desgarrarte la garganta!
Luna palideció por completo. Era cierto, estaba completamente sola en un lugar desolado, lejos de las villas de media montaña. La noche se acercaba rápidamente. ¿Quién podría venir a salvarla?
Juan desabrochó sus botones, mostrando su pecho