Diego también estaba atónito, con la mente en blanco. Después de varios días, finalmente la vio, y no esperaba encontrarla en una situación tan incómoda. Sin importar su identidad, lo que más le preocupaba en ese momento era qué iba a hacer ella.
Ella vestía de negro, y él podía notar que, a pesar de sus esfuerzos por ocultarlo, estaba sumida en el dolor. Sabía por qué; su corazón se sentía como si lo estuvieran desgarrando.
—¿No es Luna? ¿Cuándo se convirtió en la señorita de la familia López?