En la otra línea, Catalina parecía estar bebiendo agua y, de repente, escupió todo por sorpresa.
—¿Qué dijiste? ¿Perdió la memoria? ¿Estás segura? —gritó Catalina sin preocuparse por nada.
—No estoy segura, solo lo sospecho. Cuando me vio, su mirada era como si no me reconociera. Estábamos tan cerca que no creo que no pudiera reconocerme.
Luna se tocó la mejilla, sintiendo que, a pesar de que habían pasado más de tres años, su apariencia no había cambiado en absoluto.
—¡No puede olvidarte! Hace