—¿Vamos a casa, está bien? —Leandro tomó a Sía en brazos y la abrazó con cariño.
Sía asintió con la cabeza. En ese momento, la maestra Clara salió de la escuela y llamó a Yael.
—¡Oiga, este padre, un momento!
La expresión de Yael se volvió aún más sombría. Desde que comenzó el curso, siempre era él quien recibía las reprimendas, y todo porque el señor Muñoz había dejado su contacto.
—Hola, maestra Clara —Con paso cabizbajo, Yael se acercó a Clara.
—Sé que no eres el padre de Sía, pero tengo que