El conductor del vehículo negro pisó el acelerador a fondo, acelerando rápidamente por un camino rural y apartado. La noche era oscura y sombría, con el tifón aún dejando sentir su fuerza; el viento aullaba al chocar contra el coche.
Una vez dentro, Celia sintió una ligereza sin precedentes y soltó un profundo suspiro de alivio.
—¿Por qué no vino mi madre? —preguntó Celia al conductor.
—Teme ser descubierta; la señora no se atreve a mostrarse —respondió el conductor con voz grave.
Celia se tiró