En ese momento, los guardaespaldas que sostenían a Luna la soltaron. Debido a que el señor Muñoz se había lanzado al canal, debían protegerlo a él. Los guardaespaldas corrieron hacia el borde del canal, y nadie más se ocupó de Luna.
Nadie notó que Luna, como un alma en pena, se acercaba al borde del canal, con sus hermosos ojos vacíos. Su mente parecía haber sido arrancada de su cuerpo.
En ese momento, Leandro ya había saltado al canal; agarró el brazo de Celia y la llevó a la superficie. Al ver