En la oficina de mando de las fuerzas especiales de policía, la atmósfera se volvía cada vez más tensa.
Leandro sabía que el tiempo crítico de rescate ya había pasado; su habitual expresión calmada ya no podía mantenerse, y su mirada, afilada como un cuchillo, se posó en Diego.
—A partir de ahora, mantente lejos de ella. Si te acercas, lo lamentarás —dijo Leandro con firmeza.
—Lo más importante ahora es encontrar a la gente —respondió Diego, con furia en sus ojos.
—La encontraremos, así que pued