—Vaya, tienes tus trucos —Leandro esbozó una sonrisa enigmática y soltó una risa fría.
Luna finalmente recuperó el equilibrio, pero la posición en la que se encontraba era demasiado comprometedora. Su rostro ardía, casi podía sentir que estaba a punto de sangrar. En un intento de liberarse, trató de soltar sus piernas, pero él estaba bloqueando su camino. No había forma de escapar; cualquier movimiento descontrolado solo la acercaría más a él. No se atrevía a provocarlo. Ese hombre era peligroso