Cuando sus miradas se encontraron, el tiempo pareció detenerse y la respiración se detuvo.
—¡Es el Sr. Hernández! ¡Realmente es el Sr. Hernández!— alguien lo reconoció.
—Alejandro... Leona no esperaba que Alejandro apareciera y se asustó.
Aún tenía un poco de miedo de Alejandro, incluso si Ana lo llamaba un bastardo sinvergüenza en secreto, pero no podía negar que en la familia Hernández, Alejandro era quien tenía la última palabra.
—César, lleva a Leona lejos, rápido—dijo Alejandro sin expresió