La mirada de Irene hacia él no se pudo desvanecer, llena de decepción y rabia, como si fueran enemigos.
¿Por qué sentía su corazón tan vacío?
Como si se le hubiera perdido algo importante.
Justo cuando Alejandro entró al estudio, Alba lo siguió, disgustada.
—Señorito, el automóvil de la señorita Sánchez ya está abajo. Usted debería bajar a recibirla.
—No.
—¡¿Cómo?!—Alba, se sorprendió.
¡Vaya, el señorito finalmente muestra su determinación!
¡Qué difícil que pueda dejar de ser tan humilde con