Clara regresó al bar, medio sobria después de vomitar el alcohol, pero su buen humor ya se había desvanecido.
Después de tanto esfuerzo por salir a una reunión con su hermana, ¿cómo podía encontrarse con ese patán?
Si tuviera tiempo, tendría que ir al templo a rezar para no encontrarse con cosas malas por la noche.
En ese momento, una pareja de cálidas manos agarró su brazo.
Clara abrió los ojos con tristeza y al ver a Inés, hizo un gran esfuerzo por sonreír.
—Hermanita ... Estoy bien, el hombre