Noa ni siquiera se atrevía a levantar la mirada hacia este hombre, ni a responderle. Mantenía la cabeza baja, mordiéndose el labio inferior con gran fuerza, su cuerpo temblaba ligeramente, como una delgada hoja que flota en el aire, pareciendo estar vulnerable y aterrorizada. Ella simplemente encogía los hombros, con las manos inconscientemente retorcidas entre sí, deseando escapar de allí lo antes posible.
Rodrigo, con una mirada aún más fría y nerviosa, observaba fijamente la sonriente y amiga