—Jimena, ten cuidado por favor—le dijo el hombre con gran gentileza a Jimena, con un tono lleno de preocupación. Se inclinó especialmente para ayudarla a arreglar su complicado vestido, temeroso de que tropezara con sus finos y delicados tacones altos, su cuidadoso gesto era digno de gran simpatía.
—Gracias, Gaspar Ximénez—respondió con agrado Jimena, parpadeando sus grandes ojos hacia el hombre, con una voz suave y coqueta, sus destellos revelaban una mezcla de encanto seductor.
La repentina ap