Rubén abrió la puerta y se sorprendió al ver a Alejandro.
—¿Alejandro?
—Rubén.
Alejandro, con la mirada cansada y el cuerpo agotado y cubierto de polvo, estaba de pie en la entrada. Su respiración agitada indicaba la urgencia de su llegada. —¿Están el señor y Clara adentro? ¡Traigo medicinas!
Al escuchar la voz del hombre, Clara se levantó de inmediato y corrió directo hacia él, la añoranza reprimida durante tanto tiempo se agitaba en su pecho.
—¡Alejandro!
Clara se lanzó a sus fuertes brazos, l