—¡Soy tu esposa, ¿cómo no puedo entonces?!
Vanessa, la esposa del diputado, ya no le importaba su imagen, agarró su cuello y lo sacudió frenéticamente como si estuviera fuera de sí, histérica. —¡Te he tratado tan bien y me haces esto a mí?! ¡Eres un desgraciado sin corazón!
Intentó abofetear a Yago, pero él agarró su muñeca y la empujó hacia atrás con fuerza.
—¡Ah!
Vanessa perdió el equilibrio y chocó con la puerta, causando mayor alboroto. El dolor la hizo jadear y sus ojos se abrieron de par e