Cuando Eduardo salió de la cárcel, lo primero que hizo fue ponerse dos dientes falsos; aun así, bajo la protección de la familia García, vivía despreocupado. Incluso con la cara magullada, no le impedía organizar fiestas en la villa de la familia García, trayendo un grupo de modelos para banquetes y diversión.
Lamentablemente, lo veía, pero no lo alcanzaba. ¡El deseo está ahí, pero la pistola no sirve de nada!
El odio hizo que Eduardo tomara varias pastillas de potenciador sexual, pero terminó e